martes, 23 de octubre de 2012

Orgullo y Prejuicio y Zombies O de cómo asesinar criaturas infernales sin perder el decoro



Orgullo y prejuicio y zombies: La clásica novela romántica de la Regerncia, aderezada con unos zombies ultraviolentos que siembran el terror, es precisamente lo que dice en la primera página de este libro, ni una cosa más ni una cosa menos. Al editor de Seth Grahamme-Smith (autor de este libro y de Abraham Lincoln: Cazador de vampiros) se le hizo fácil sugerirle al escritor que tomara una obra del dominio público y la adaptara a su manera y así fue como salió Orgullo y Prejuicio y Zombies, un libro que toma el texto original de Jane Austen pero con algunos pasajes añadidos que transforman la novela en una historia de cadáveres putrefactos levantándose de sus tumbas y acechando a la población inglesa mientras éstos últimos intentan defenderse a cualquier medio.

Las hermanas Bennet dejan de ser aristócratas venidas a menos y ahora son respetables guerreras obligadas a pelear contra los no-muertos hasta que ellas mueran en el campo de batalla, queden tullidas... o se casen. De entre todas, Elizabeth Bennet es la que más destaca por su agudo instinto asesino, y de hecho esto nos queda bien claro cuando la vemos matar zombies y ninjas sin piedad y cuando entramos a lo más profundo de sus pensamientos en los cuales además de estar preocupada por la vida amorosa de su hermana Jane, también considera matar a otros personajes como a su mejor amiga, una de sus hermanas menores y por su puesto al señor Darcy. 
Así que además de tener intrigas amorosas, engaños y reflexiones sobre la naturaleza humana, tenemos monstruosos engendros del infierno que se arrastran penosamente en busca de cerebros y devoran felizmente las entrañas de sirvientes y aristócratas por igual (hasta eso entre los zombies no hay ese tipo de discriminación). También hay sables japoneses, sabios maestros Shaolin, disparos, explosiones, ninjas, humor negro, humor escatológico y doble sentido. En esencia tiene todo lo que un friki podría soñar, claro que no incluye robots ni dinosaurios ni engendros de Cthulhu porque de hacerlo el libro explotaría (o sería demasiado estúpido, no sé). 

Pero ya que estamos en esto ¿es un libro bueno?, pues... no es precisamente una obra maestra de la literatura pero es muy divertido si te gusta el humor negro y cínico, es entretenido, fácil de leer y el libro contiene unas bonitas litrografías que ilustran a las hermanas Bennet con sus vestidos de corte imperio luchando contra los zombies putrefactos. Si bien una buena parte de la novela es el texto original de Jane Austen, no recomiendo que lo lean como un sustituto de Orgullo y Prejuicio aunque eso se lo dejo a criterio de cada quien  personalmente me resultó más divertido leer la versión “zombificada” después de haber tenido contacto con la novela original.

Orgullo y Prejuicio y Zombies inició un extraño subgénero de libros que mezclan novelas clásicas con elementos de la cultura popular actual. Entre otros títulos que llevan este corte se encuentran Sentido y sensibilidad y monstruos marinos, Androide Karenina, The Mewtamorfosis y Huckleberry Finn and Zombie Jim. Esta nueva moda plantea algunas interrogantes ¿La desacralización de las obras clásicas son una muestra de que la muerte de la literatura está cerca? ¿Este tipo de novelas podrían servir para atraer nuevos lectores? ¿O solamente es una treta de la industria editorial norteamericana para sacar dinero? Yo me inclino más por la tercera opción, pero sólo el tiempo dará su veredicto... si es que antes no nos cae encima el apocalipsis zombie.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Orgullo y Prejuicio o; la primera impresión no siempre es la que cuenta



Seguramente has oído decir a tu madre,tía, abuela o a alguna señora metiche que “la primera impresión es la que cuenta”. Esta frase nos parece una tontería cuando nuestros padres o La Sociedad nos obligan a vernos más “presentables” con el fin de ser “socialmente aceptados”. Desde luego estamos seguros de que quienes no nos acepten por cómo nos vemos son personas huecas que seguramente piensan que sólo por llevar pantalones de mezclilla rotos y la misma camiseta de Metallica que usamos todos los días valemos menos como seres humanos. ¿Y quién querría estar con alguien que piensa de esa forma?

  Por otro lado, y aunque nos duela admitirlo, solemos llevarnos por las primeras impresiones que nos da la gente en algunas situaciones, así desde el primer día de clases sabemos que el matado que se sienta hasta el frente del pizarrón podría pasarnos la tarea de matemáticas, que la chica de grandes dotes que usa camisetas dos veces más pequeñas que su talla es una facilota, y que aquel tipo que viste con pantalones de mezclilla rotos y camiseta de Metallica seguramente es un drogadicto que no se baña. Desde luego, puede suceder que no siempre esas primeras impresiones son las correctas, cuando pasa el tiempo nos damos cuenta de que el matado no sabe ni papa de matemáticas, la chica “facilota” está a favor de la abstinencia de todo tipo y el drogadicto que no se baña... en realidad se baña cada semana y de vez en cuando se fuma un churro pero también es nuestra alma gemela. 

“Primeras impresiones” es el título que originalmente iba a tener “Orgullo y Prejuicio”. Esta novela escrita por Jane Austen a finales del siglo XVIII trata precisamente de una sociedad ridículamente obsesionada por mostrar una buena impresión y  que está dispuesta a juzgar a otros muchas veces injustamente sólo por lo que aparentan a primera vista. 

La familia Bennet, compuesta por el señor Bennet, la señora Bennet y sus cinco hijas es una de las familias más respetadas dentro de su círculo social en Hertfordshire, pero las cosas no van tan bien como lo aparentan. En realidad los Bennet son aristócratas venidos a menos que no poseen mucho dinero y por lo tanto tampoco tienen una buena posición social en comparación a otros aristócrata ingleses. Para colmo se ha decretado por herencia que el dinero y las propiedades del señor Bennet sólo las puede tener un heredero varón y como los Bennet sólo tuvieron mujeres ellas están en peligro de quedarse sin casa y sin un quinto cuando su padre muera... a menos que puedan casarse con algún hombre rico.

Ante estas circunstancias es natural que cuando llega la noticia de que un joven y acaudalado caballero se ha mudado cerca, la señora Bennet de inmediato planea la forma casarlo con una de sus hijas. Pronto el nuevo vecino, conocido como el señor Bingley, muestra interés en Jane, la hija mayor de los Bennet. La relación de ambos bien podría llegar a buen puerto de no ser porque Bingley trae consigo algunas compañías indeseables. Sus hermanas obsesionadas por mostrar su clase y su buen gusto no están del todo satisfechas con Jane a quien ven como alguien sin clase por lo que naturalmente la tratan como si fuera su mejor amiga (mientras planean apuñalarla por la espalda, claro está). Elizabeth, la segunda hija de los Bennet está consciente de la verdadera naturaleza de las hermanas de Bingley y tal vez podría tomar más cartas en el asunto de no ser porque el mejor amigo de Bingley, el odioso señor Darcy, no le quita la vista de encima.  Así, entre intrigas y rumores se desarrolla esta historia en el que nadie es lo que aparenta ser ante la sociedad y donde las primeras impresiones no siempre son las que cuentan.

“Orgullo y Prejuicio” es la novela más conocida de Jane Austen y la historia se ha mostrado numerosas veces en cine, series de televisión comics y hasta en vlogs. Probablemente a estas alturas a algunos podría parecerles aburrida y llena de clichés, pero hay que tomar en cuenta que esta novela ya tiene más de doscientos años y muchas de las cosas que podrían parecernos cliché aparecieron primero ahí  (como la dinámica de odio/amor que hay entre Elizabeth y Darcy). En realidad este libro resulta muy interesante gracias a la forma tan vívida de presentar la forma de pensar y las actitudes de la gente de clase media en la Inglaterra de finales del siglo XVIII. Jane Austen explora los pensamientos de cada personaje y hasta se toma la libertad de jugar con ellos, muchos escenas las vemos desde la perspectiva única de alguno de los personajes por lo que nosotros como lectores tenemos que estar conscientes de que lo que leemos en ese momento no necesariamente es lo más cercano a la realidad, la aseveración que se hace en un pasaje del libro puede ser desmentida capítulos después por otro personaje que da su versión del asunto. Nosotros como lectores sacamos nuestras propias conclusiones una vez que estamos cerca de terminar el libro. 

El mayor acierto de “Orgullo y Prejuicio” es que la autora no se limita a contarnos una historia de amor sino que se encarga de hacer un detallado microcosmos de cada personaje perteneciente a la esfera social que nos está describiendo. Como ya es una obra del dominio público, “Orgullo y Prejuicio” es un libro fácil de obtener, cuenta con diversas ediciones, unas bellamente ilustradas, e incluso se puede conseguir gratis en internet sin recurrir a la piratería. En si me parece un libro muy recomendable y entretenido, pero si aun así leer las aventuras de Elizabeth y el señor Darcy entre bailes, salones y la campiña inglesa te parece aburrido... tal vez si le agregas zombies puedas darle más acción al asunto. :) 


Enlaces:
Pride and Prejudice Aquí está la novela en inglés
Orgullo y Prejuicio Y aquí pueden verla en español 

martes, 10 de enero de 2012

El fin de los festejos

Hoy, a un día de mi cumpleaños, y a cuatro días de la Noche de Reyes, los festejos navideños quedaron clausurados en mi casa. No hay necesidad de esperar a la fiesta de la Candelaria para quitar los adornos como normalmente se hacía porque actualmente se hacen a un lado las costumbres y la temporada navideña empieza mucho más temprano. Apenas se está poniendo ya sea el altar de muertos, o las calabazas de Halloween o el improvisado templo satánico o lo que sea que ustedes hagan a finales de octubre cuando la norma social exige que se vaya poniendo el arbolito y las casas tengan más luces artificiales que un casino barato.  Por lo tanto, si uno ya tiene los adornos navideños puestos durante todo noviembre y todo diciembre, es natural que para principios de enero uno ya no quiera saber nada de Santacloses, ni Rodolfos, ni lucecitas y otras cosas afines.
 Curiosamente  en mi casa no pusimos los adornos hasta después de la primera semana de diciembre y aún así quitamos las cosas demasiado rápido, tal vez se deba a que la temporada navideña que nos tocó vivir esta vez fue memorable pero paradójicamente muchos no quisiéramos pensar demasiado en ella.

Los primeros en irse fueron los personajes del nacimiento. Rápidamente quienes antes se habían visto rodeados de luces y heno fueron colocados entre la seguridad del hielo seco y posteriormente dentro de una caja donde no volverán a ver la luz del día hasta dentro de 10 meses o más. Casi hasta sentí lástima por ellos.
Luego le tocó el turno al arbolito al que desnudé diligentemente. Por desgracia no hubo saldo blanco durante esta operación. El señor Isaac Newton y su despiadada ley de la gravedad le cobró factura a una inocente esfera que se hizo pedazos contra el suelo. La finada fue barrida del suelo y  tirada con honores a la basura. 
Lo más difícil de desmontar el arbolito fue quitar las luces y guardarlas. Es increíble que con todos los logros que ha alcanzado la humanidad en materia de ciencia y tecnología nadie haya inventado luces que se enrollen y se desenrollen solas sin que se enreden demasiado, tengo entendido que no soy la única persona a la que le da flojera enrollar los foquitos, al que invente ese sistema deberían de darle un premio Nobel o algo. 

                                                                                                    Donald entiende mi sufrimiento.

La “Operación Grinch” para quitar todos los adornos navideños fue todo un éxito y se hizo mucho más rápido de lo que pensé, probablemente porque esta vez no adornamos tanto, lo cual es bueno porque al menos no estamos como algunos vecinos cuyas casas iluminadas pueden verse a kilómetros a la redonda. Por otro lado me resultó algo triste que la época navideña no haya sido tan festiva para nosotros. Propongo que para este año pongamos los adornos desde mediados de noviembre y en vez del “Maratón Guadalupe-Reyes” celebremos el “Maratón Revolución-Guadalupe-Reyes-Cumpleaños-Candelaria-14 de Febrero-Bomberito Juárez”. O podemos hacerlo más largo todavía, es más propongo que nos quedemos llenos del “espíritu navideño” todo el año y todos los años porque eso de estar quitando y poniendo lucecitas es una auténtica lata.